Testimonios de solidaridad

 

Esperanza y realidad

 

La hermana Theresa vive inmersa en la realidad de los más necesitados en el noroeste cordobés. Su fundación alimenta, educa, capacita, cura y brinda atención a más de 1400 niños y a sus familias.

 

La esperanza. "Todo nació allá por el año 1990, de un encuentro con una señora que arrastraba por el pelo a un niño, en pleno San Pablo, Brasil. Cuando fui a hablar con ella supe que lo estaba haciendo porque el niño no había recogido suficientes monedas. La tarde del mismo día, volviendo de misa, encontré sentada en la puerta de un bar a una nena de 4 o 5 años que lloraba a los gritos. Pedía un sachet de leche porque sino su mamá la iba  matar. Le di el sachet y le dije: vete para que no te maten. Los gritos de esos niños se hicieron gemido en mí... un día haré algo por los niños... por los más carenciados."

 

Así relata, con vehemencia, la hermana Theresa el comienzo de su obra: "Entonces comencé a vivir un tiempo fuerte, tiempo de gracia y  bendición de Dios. Fue una lucha muy grande, con mucho sufrimiento. Me dolía dejar la congregación, pero al mismo tiempo los acontecimientos me hicieron sentir que era un llamado de Dios que no podía dejar de escichar."

 

Desde 1997, en San Marcos Sierras, en el noroeste de la provincia de Córdoba, la hermana Theresa Varela vive día a día su vocación. Ha creado la Fundacion Misionera "María de la Esperanza" que realiza múltiples tareas comunitarias y de evangelización. En los comedores, diseminados por zonas periféricas de Cruz del Eje y la zona rural, se brinda a 1400 niños una ración de alimento diaria y se realiza tareas de capacitación en diversos oficios como cocina, repostería, costura y arreglo de muebles. También se brinda asesoramiento a las madres en el área de nutrición y salud.

Dice la religiosa: "Sabemos lo importante que es para un niño lo que recibe hasta los dos o tres años. El niño que desde el vientre de su madre se nutre de mate cocido y pepitas de mistol, ¿qué fuerza mental, física, espiritual va a tener?." El informe de UNICEF, "El estado mundial de la infancia 2001", claramente demuestra que si un niño no recibe atención adecuada, o sufre desnutrición, tensiones, traumas, abusos o negligencias, la primera baja es su cerebro en pleno desarrollo. Se establecen menos vínculos entre las células, cortocircuitos cerebrales que entorpecen el desarrollo. Todo esfuerzo por sentar bases sólidas para el desarrollo de la primera infancia obtiene resultados mucho más perdurables que los intentos de recuperar terreno perdido.

 

La realidad. "Infraestructura, esa es nuestra necesidad más urgente, necesitamos contar con la infraestructura adecuada, para no sólo cobijar a los niños, sino poder seguir con el programa de capacitación." Esta frase de la hemana Theresa resume la realidad de la fundación. No todos los comedores tienen paredes de bloques, techos de chapa y piso de cemento alisado. La mayoría son tablones improvisados debajo de un árbol, sostenidos por un par de ladrillos. Los niños comen a la intemperie, parados en algunos casos, con el tazón en una mano y la cuchara en la otra.

 

En la zona rural la situación empeora visiblemente, según la misionera, hay hermanos que viven en ranchos de cuatro palos, envueltos en nylon: "Es gente que ha pasado de la pobreza a la miseria", dice con tristeza. Pero las necesidades de ellos no son ajenas a las preocupaciones de la Fundación. A pequeños parajes como Pozo del Ñato, Iglesia Vieja o Las Palmas, los médicos voluntarios acceden mensualmente en camionetas 4x4, el único medio de transporte posible.

 

- Cuando Usted ve situaciones de familias numerosas, con más niños de los que efectivamente pueden alimentar y criar, ¿qué piensa del uso de anticonceptivos?

 

- La Fundación, a través de los médicos voluntarios, apoya el uso de anticonceptivos no abortivos, como la Iglesia Católica. La Iglesia soy yo también.

 

Hay cosas que son muy simples y sencillas para la hermana Theresa, y no pierde la dulzura habitual de su voz para decirlas con firmeza y evitar cualquier margen de duda. Ante la pregunta de la cronista sobre cómo es su relación con la Iglesia, ella dice: "no me puedes preguntar cuál es mi relación con la Iglesia, porque es como si me preguntaras por mi relación conmigo misma. Yo tengo muy claro que yo soy Iglesia."

 

Golpear puertas. El gobierno de la provincia de Córdoba, a través del programa Paicor, brinda 400 de las 1400 raciones de alimentos que se entregan en los 22 comedores comunitarios. "La relación con el gobierno no es mala, la relación personal es buena, pero qué se yo... (silencio), cada uno en su lugar." Aunque ella prefiere mantenerlo en privado, estrechos colaboradores de la hermana Theresa afirman por lo bajo que ella sufr emucho por las demoras y esperas en los pedidos de colaboración, principalmente del gobierno de la provincia.

 

-  ¿Cuál es su respuesta ante la burocracia?

-  El silencio. Cuando veo que me enfermo de pedir, ya no pido más.

 

Sin embargo son demasiadas las carencias como para poder permitirse pasarlas por alto, o sólo dilatarlas en el tiempo. Ella dice al respecto, con una serenidad envidiable en su situación: "Vivimos (en la comunidad) el hoy, el aquí y ahora. Vivimos protestando, pero de hacer todo el bien que podamos. Uno lucha, lucha y lucha. Es difícil llegar a la noche sonriendo, pero agradezco a Dios poder luchar. Con bronca no se consigue nada, se consigue con amor. Yo creo en Jesús, y pienso que él lo haría así, con amor. El amor transforma, el amor vence, el amor convence. No tiene barreras. El amor es como el agua: el amor busca sus cauces y cuando encuentra obstáculos, si puede los contornea, si son más grandes les pasa por arriba; sino los arrastra y sigue."

Theresa Varela nació en Cabo Verde, una isla de África. En una familia numerosa, con padre terrateniente y madre ama de casa, fue la quinta de trece hermanos, tres ya fallecidos. A los 17 años recibió, como ella dice, "el llamado de Dios". A sus padres les sorprendió mucho, ya que ella pasaba su tiempo andando a caballo y jugando al fútbol. A los 18 años ingresó al Convento San Pedro Claver, en Portugal. "No me arrepentí nunca. Fue duro dejar la familia, dejar la tierra, dejar los principios... hoy si volviera a nacer, daría los mismos pasos que di."

Peregrinó, enviada por su congregación por diversos países del mundo, hasta que en 1996 llegó a San Marcos Sierras, donde echó raíces para vivir la solidaridad como única forma de vida.

La solidaridad no es patrimonio de una persona, de un partido político o de una religión. Es una actitud ante la vida que lleva a los hombres a no poder ser felices si los demás no lo son, a sentir que el dolor ajeno duele tanto como si fuera propio. Pero esto no ocurre porque sí, hay que conocer las carencias del otro, saber qué es lo que le falta y necesita

Una vez que el hombre se hundió tanto en la realidad de los demás, el compromiso es ineludible y si uno está dispuesto a vivirlo, se arraiga fuertemente y no se puede volver atrás.

Este es el desafío que hoy nos toca a los hombres, cordobeses, argentinos, saber que sino nos acercamos al umbral de lo que está pasando cerca nuestro, permaneceremos quietos, sordos, ciegos y domesticados por una sociedad que no respeta la dignidad del hombre.

 

Los interesados en colaborar con la fundación deben dirigirse a:

Fundación Misionera María de la Esperanza, Libertad 987, (5282) San Marcos Sierras. Córdoba.

Tel: 03549-496994

 

 

NÚMEROS QUE DUELEN

 

-  En el mundo cada 3,6 segundos alguien muere de hambre. El 75% son niños.

-  En el mundo, 500 millones de niños viven con menos de 1 dólar por día, según Unicef.

-  De acuerdo a estadísticas del INDEC, en Argentina, 840 mil menores de 15 años viven con $0,60 por día.

-  En Córdoba, datos oficiales revelan que, sólo en el interior de la provincia, 30 mil niños viven en la miseria.

 

NÚMEROS QUE ALIVIAN

 

-  La Fundación misionera "María de la Esperanza" comenzó alimentando a 33 niños en Cruz del Eje.

-  Hoy le brinda una ración de comida diaria a 1400 niños y otros 400 son atendidos en zonas rurales. 80 madres y 50 médicos trabajan como voluntarios.