CULTO
A LA APARIENCIA FÍSICA
Una parte
importante del consumo actual se relaciona con la compra de productos que están
relacionados con la apariencia física: Imagen.
El hecho de que en todas las culturas se dé
una gran importancia a la apariencia física, y existan modas y costumbres
particulares relacionadas con la imagen, demuestra que se trata de un elemento
esencial de la vida humana. Cuántas veces
hemos ido por la calle y nos hemos fijado en las personas por su apariencia, ya
sea por cuidarla demasiado como por descuidarla.
Aunque
en otro tipo de sociedades exista el mismo interés por la apariencia exterior,
en ninguna implica tanto gasto permanente como sucede en la sociedad actual de
consumo. Tanto es así, que se han llegado a desarrollar hábitos de vida como
son el acudir a gimnasios y a centros de belleza, consumir productos dietéticos
o someterse a operaciones de estética. Igualmente, se han producido
comportamientos obsesivos por la imagen originándose diversos fraudes en la
venta de productos estéticos.
El aspecto físico se ha convertido en un
indicador social de estatus, de éxito y felicidad. Es decir, se pretende
trasmitir a través de la imagen que nos proporciona la compra de ropa, perfume
o de intervenciones de cirugía estética, unos valores personales que a lo mejor
no tenemos, pero nuestra imagen es interpretada como el reflejo de lo que
somos.
Un ejemplo de ello se observa en las
películas de cine, en donde el bueno normalmente es el atractivo, y el malo es
el harapiento, o el feo con una cicatriz en la cara por la que se convirtió en
un ser rencoroso.
Asimismo, si el proceso de aceptación y
estima de la propia imagen no se realiza adecuadamente durante la adolescencia,
se producen casi inevitablemente consecuencias negativas para la persona.
Algunas de estas consecuencias se trasforman en peligros sociales como son los
trastornos alimenticios, principalmente la bulimia y la anorexia nerviosa. De
igual forma, este proceso de desarrollo está dificultado y distorsionado por
muchos elementos presentes en la sociedad de consumo.
¿EXISTE
EL MODELO IDEAL DE BELLEZA?
Los
protagonistas de películas, series, programas, anuncios de televisión,
pasarelas o certámenes de belleza, representan un modelo físico perfecto
definido por la delgadez y rasgos atractivos. Se
lanza la idea de que el resto de las personas que no tienen este aspecto deben
desearlo, sufrir por ello, y luchar para conseguirlo o acercarse a él lo máximo
posible. También se difunde el mensaje de que lograrlo está al alcance de
cualquiera que consuma una serie de productos: desde alimentos dietéticos a cremas antiarrugas o agua mineral.
Diariamente vemos decenas de anuncios que nos prometen hacer cambios milagrosos
con nuestro aspecto y silueta.
Caer en esta situación nos llevaría a
preocuparnos continuamente por llegar a un patrón inalcanzable para la mayoría
de las personas, y es precisamente el hecho de que sea inalcanzable lo que lo
hace atrayente y seductor para el consumidor. Es decir, ese modelo ideal no existe en verdad sino que es un truco
publicitario; en realidad
cuando aparece una joven delgadísima contemplando su silueta y anunciando agua
mineral o pan tostado integral, este mensaje no va dirigido a las jóvenes y
delgadas que pueden ser como ella, sino
a las personas de mediana edad con problemas de obesidad que nunca podrán
aspirar a tener una figura parecida.
Por otro lado, la obsesión por la juventud
como único modelo vital y de apariencia física atractiva, acaba siendo negativo
para todas las personas, puesto que una de las claves para mantener una buena
autoimagen es adaptarse al paso del tiempo y a las naturales trasformaciones
que se producen en nuestro aspecto físico. Por supuesto que no hay nada de malo
en utilizar todos los medios para conseguir un mejor aspecto, pero el referente de belleza ideal no puede ser
algo vital en nuestras vidas, sino nosotros mismos, con nuestra edad y nuestras
características físicas.