VENTAJAS Y PELIGROS DE LA SOCIEDAD DE
CONSUMO
El desarrollo económico de
nuestra sociedad ha proporcionado inmensos progresos técnicos y ha mejorado en muchos
aspectos nuestra vida: la salud, la alimentación, las comunicaciones, la
cultura, están a disposición de los ciudadanos ofreciendo unas posibilidades de
calidad de vida como nunca antes habían existido. Pero junto con los innegables
aspectos positivos, la sociedad de consumo ha traído también una serie de
problemas e inconvenientes que es necesario corregir para evitar los perjuicios
que podemos causar al planeta, y a nosotros mismos. Podemos resumir en dos
grandes apartados estos problemas:
1º.- En primer lugar, ciertos hábitos de consumo y
modos de vida que se han implantado en nuestra sociedad, son claramente
incompatibles con el mantenimiento de nuestro entorno medioambiental.
Esta crítica “ecologista” a la sociedad de consumo ha dejado de ser patrimonio
de una minoría concienciada para convertirse en una realidad innegable, avalada
por las investigaciones científicas más serias y desapasionadas.
2º.- Otro tipo de preocupaciones es el impacto psicológico y
social que acarrea la introducción de determinados hábitos, valores y modos de
vida consumistas, que pueden suponer un grave peligro para la salud
física, para el equilibrio psíquico y para el bienestar personal o familiar.
Por ejemplo, es cada día más evidente la relación entre la difusión de
determinados mensajes publicitarios y valores consumistas y el crecimiento de
determinados problemas tales como anorexia, alcoholismo, adicción al consumo,
el sobreendeudamiento personal, etc.
Dentro
de este segundo tipo de problemas
vemos, en primer lugar, que hay una serie de hábitos que comparte la
mayoría de la población. Así podemos hablar del “consumismo” como fenómeno propio de nuestra
sociedad. Esto significa que prácticamente todos compartimos una serie de modos
de vida, que influyen en mi comportamiento y en nuestros valores y modos de
pensar.
Por otro lado, más de la
tercera parte de la población europea tiene
deficiencias en el autocontrol en la compra y en el gasto,
que se reflejan en comportamientos inadecuados como consumidores. Se trata de
problemas leves, que se pueden corregir fácilmente modificando determinados
hábitos, pero que requieren atención para que no puedan aumentar y producir inconvenientes más serios.
Finalmente, aproximadamente el 3% de la población europea son adictos
al consumo. Se aplica este término cuando aparecen problemas
importantes en el control de su conducta de compra, que perturba gravemente su vida personal, familiar, laboral o social.
Estas personas tienen dificultades para superar sus problemas y necesitan un tratamiento y una ayuda especializada. Muchas veces
la adicción al consumo esta relacionada con otros tipos de problemas o
desequilibrios psicológicos.
En las fichas siguientes estudiaremos manifestaciones
distintas de desajustes del comportamiento que son frecuentes entre los
consumidores.
LA
ATRACCIÓN POR LOS ESTÍMULOS DE CONSUMO
Muchas personas se
sienten especialmente atraídas por los distintos estímulos relacionados con la
compra o las actividades de consumo: mirar escaparates, ir a un hipermercado o
pasear por grandes almacenes. Es normal que este tipo de actividades
resulten atractivas para algunas personas, y, desde luego, están socialmente
aceptadas. Pero la combinación de determinadas características de la
personalidad y otras circunstancias pueden acabar produciendo una adicción
exagerada a este tipo de conductas.
En cada caso suele
haber una manifestación peculiar de esta atracción hacía los estímulos
consumistas: hay quién pasa horas viendo tiendas de modas, quién todos los días
recorre los escaparates de decenas de joyerías y bisuterías, y quién se encuentra
atraído por las tiendas de informática. Sin embargo, cada vez suele
manifestarse más a través de la permanencia en centros comerciales, que
permiten largas estancias y paseos. Los modernos centros
comerciales poseen una gran variedad de
estímulos y “ganchos” que los hacen particularmente atractivos, y tienen un
inmenso poder de seducción.
Cuando este tipo de
conductas, muy comunes en nuestra sociedad, se mueven en unos márgenes de
dedicación razonables, no podemos considerarlas negativas. Pero deben
empezar a preocuparnos a partir del momento en que pasa a ser una distracción
que llena la mayor parte del tiempo libre de una persona, aunque no se tenga
necesidad de adquirir ninguna cosa. Entonces se convierte en un impulso constante, que hace que esta
actividad pase a llenar totalmente las horas disponibles (se aprovechan incluso
los descansos en el trabajo o todos los ratos de ocio), eclipsando la
realización de cualquier otra actividad.
Muy a menudo estas conductas son síntoma de aislamiento,
aburrimiento o insatisfacción vital. Es frecuente, por ejemplo, que una persona
extrovertida, con gran necesidad de estimulación y contacto social, se
encuentre aislada o aburrida en una gran ciudad y que acabe acudiendo
diariamente a unos grandes almacenes atraída por su animación, y la posibilidad
de cierto contacto social -aunque sea superficial y mercantilista- que no encuentra en otro
lugar.
No hay nada malo en que a alguien
le guste mucho ir de tiendas o mirar escaparates. Lo malo es que esto se
convierta en casi la única distracción de la persona, y la sensibilidad y el
interés por otras actividades y distracciones de la vida pase a un segundo
plano. O, también, que la atracción por los estímulos de consumo haga
que las tentaciones que nos rodean venzan nuestro autocontrol y acabemos
haciendo compras impulsivas o inadecuadas.
ADICCIÓN AL CONSUMO Y COMPRA IMPULSIVA
Aunque pueda parecer
que se trata de dos cuestiones distintas, la adicción al consumo y la compra
impulsiva están interrelacionadas y
en ambas se manifiesta un mismo comportamiento: la carencia de autocontrol para
regular las compras y contener los impulsos.
Por adicción al consumo se entiende el afán por efectuar
continuamente compras nuevas, en su inmensa mayoría de cosas innecesarias o
superfluas. Lo que ya se tiene pierde interés y es necesario estar en
una incesante (y en el fondo siempre insatisfactoria) cadena de gasto para
llenar esa constante necesidad de compra. Cuando
esto sucede, la compra, que debería de servirnos para adquirir las cosas que
nos hacen falta, acaba siendo una necesidad. Se convierte en una obsesión
continua que pasa a ser el centro de la vida aunque no se tenga necesidad de
adquirir nada. Es un impulso insaciable que si no se domina lleva a efectuar
compras continuas, en su gran mayoría innecesarias o superfluas.
El concepto de compra impulsiva se refiere al
proceso psíquico que explica “el paso al acto” en la realización de las compras
menos convenientes. La impulsividad en la compra es, a menudo, la causa de las
conductas inadecuadas de los consumidores. Muchas personas tienen dificultades para
controlar sus deseos o sus impulsos y someterlos a la reflexión o la crítica
antes de pasar al acto. En el caso de la compra esto significa que
cuando ven en un escaparate o una estantería algo que les gusta, se dejan
llevar de forma inmediata por ese impulso momentáneo. Lo triste es que la
mayoría de estas compras impulsivas son compras inadecuadas fruto de un deseo
momentáneo. Una vez en casa es muy fácil que el comprador se arrepienta
y quiera devolver lo comprado, o simplemente lo olvide y no lo use jamás.
Muchas
veces la adicción al consumo se debe a la existencia de insatisfacciones vitales,
frustraciones y otros problemas psicológicos que buscan salida y se proyectan
a través del consumo y de la adquisición de cosas. Unas veces se intenta
conseguir mediante las compras una ilusión que alegre una vida rutinaria y
vacía y otras veces la compra se utiliza (¡y hasta se aconseja!) para huir de
otros problemas personales . También la
influencia de una publicidad omnipresente y consumista que invita
constantemente a la compra y, en general la extensión de los valores y
comportamientos consumistas, lleva a muchas personas a utilizar la compra para
llenar sus deseos de éxito o de
prestigio social, y su afán por destacar ante las demás personas. El ego y
vanidad encuentran una vía de satisfacción a través del "tanto tienes,
tanto vales" que es aceptado implícitamente por el uso social, y es
estimulado, explícitamente, por la publicidad.
CONTROL
ECONOMICO Y SOBREENDEUDAMIENTO
La falta de autocontrol económico es la
incapacidad constante de establecer un presupuesto y unos hábitos de gasto
adecuados a las posibilidades económicas de cada sujeto y, una vez
establecidos, respetarlos y ajustarse a ellos. Muchas personas son incapaces de
controlar los gastos constantes y desmedidos que desbordan su capacidad
económica, incluso cuando se tienen niveles económicos medios o altos. No se
trata de que los gastos ordinarios o imprevistos hagan vivir con dificultades,
sino que hay una absoluta incapacidad de controlar el dinero personal o
familiar racionalmente y disciplinar los gastos, por superfluos que
objetivamente sean.
Como resultado de
esta falta de autocontrol económico, muchas personas acaban en la habituación al crédito. Este es
un tipo de comportamiento cada día más frecuente que se ve reforzado y
potenciado por el hecho de que en
nuestra sociedad existe una invitación constante a vivir por encima de las
posibilidades de cada uno. La extensión de las tarjetas de pago diferido y
los anuncios de entidades bancarias y establecimientos comerciales que invitan
a utilizar el crédito para no privarse de cualquier capricho, tratan de seducir
al consumidor para que no deje de comprar todo lo que se le antoje, sin pensar
en el peso económico que supone la compra a crédito. Cuando la persona entra en
la rueda de “vivir a crédito” se va acostumbrando a enlazar un préstamo con
otro, va aumentando su número y la “alegría” con la que se endeuda. El
resultado final es el
sobreendeudamiento que supone una situación de considerable agobio
económico del que a menudo se trata de huir con otros créditos, cada vez de
mayor cantidad y a más largo plazo, terminando en una situación económica
extremadamente grave para sí y para su familia.
Por otro lado en España, en los últimos años, se ha
producido un gran aumento del precio de la vivienda, que ha obligado a muchas
personas a endeudarse con créditos elevados y a largo plazo para poder
adquirirla. Aunque los estudios económicos ponen de manifiesto que no debería
dedicarse más de la tercera parte de
ingresos a la adquisición de vivienda, la realidad es que cada vez más
familias españolas tienen que dedicar la mitad de sus ingresos para este fin.
En la mayoría de los casos se trata de un endeudamiento totalmente
necesario al tratarse de una inversión
para un bien imprescindible. Pero lo cierto es que la compra de la casa retrae
una parte importante de los ingresos de muchas personas, por lo que exigiría
que fueran compensados con la reducción de otros gastos. Sin embargo, es
siempre muy difícil en nuestra sociedad que las familias dejen de efectuar
gastos a los que están acostumbrados y, a menudo, acumulan nuevos créditos
paralelos al inicialmente solicitado para la compra de la vivienda. En
resumen, la necesidad de hacer frente al pago de créditos ya adquiridos se
junta con pagos ordinarios, a los que no se puede, o no se quiere renunciar,
agravando el problema de sobreendeudamiento y creando situaciones que lastran
cada vez más toda la economía familiar.
LOS PELIGROS DEL USO EXCESIVO DE LAS TARJETAS EN LAS COMPRAS
Las tarjetas son un útil y moderno medio de pago, pero pueden
convertirse en una trampa para los compradores impulsivos y con poco
autocontrol económico. Al hablar de estos peligros debemos distinguir el uso de
las tarjetas como simple instrumento de pago, del uso como medio de obtención de
crédito.
ü
El uso de la tarjeta como medio de pago puede contribuir a oscurecer nuestra conciencia del gasto y hacernos comprar en exceso.
En efecto, una de las consecuencias negativas del uso de tarjetas como medio de
pago es la referida autoocultación del
gasto, que hace que compremos en mayor medida que cuando lo hacemos en metálico.
El pago diferido hace que se compre con “alegría” y se olvide -hasta que llega el cargo correspondiente- lo gastado. Para evitar esto es conveniente anotar
todos los gastos que realizamos sin pagar en efectivo, y tenerlos en cuenta para que no nos sorprenda
el extracto bancario cuando llegue con la anotación de unos gastos que habíamos
olvidado y con los que, por lo tanto, no contábamos.
ü
El uso de la tarjeta de crédito es más peligroso puesto que puede llevar a acostumbrarse
a gastar un dinero que aún no tenemos. Este peligro se ve reforzado y
potenciado de forma gravísima por el hecho de que en nuestra sociedad existe
una invitación constante a vivir por
encima de las posibilidades de cada uno. La extensión de las tarjetas de
pago diferido y los anuncios de Bancos y establecimientos comerciales que
invitan a utilizar el crédito para no privarse de cualquier capricho, tratan
de seducir al consumidor para que no deje de comprar todo lo que se le antoje, sin pensar en el peso económico que supone
la compra a crédito.
Las tarjetas de crédito suponen un
instrumento para endeudarse de una forma impulsiva, constante e incontrolada
que antes no existía. Antes de su existencia, el peligro de las compras
impulsivas quedaba limitado a que el consumidor gastase precipitadamente, por
ejemplo a primero de mes, el dinero que disponía y después tuviera que vivir con estrecheces hasta que volviera a cobrar
el sueldo. Con las tarjetas de crédito cualquier consumidor puede gastar
anticipadamente, sin tener siquiera que acudir al banco, un dinero del que aún
no dispone.